El Sol: ¿Placer sin peligro?
El Sol: ¿Placer sin peligro?
Además de la luz y el calor, El SOL, nos proporciona esa sensación de bienestar que genera buen humor, funcionando como "anti-estrés". Además constituye la gratificación de la vida al aire libre, la sensación de calor envolvente, la relajación y su acción energizante y antidepresiva resultan placenteros. Por último y no por eso lo menos importante, estimula la síntesis de la vitamina D, imprescincible para la normal formación de los huesos y los dientes. Pero para disfrutar del mismo tenemos que conocer ciertos riesgos para protegernos y cuidarnos.
La fotoprotección y la fotoeducación son fundamentales para mejorar nuestra calidad de vida, y también para prevenir enfermedades en el futuro. En ello está contemplado el uso de una vestimenta adecuada, la utilización de protectores solares y la educación para cuidarse del sol.
En la estructura de nuestra piel se pueden destacar las fibras de colágeno, elastina y los fibroblastos. Las radiaciones solares degradan a estas fibras, constituyendo lo que denominamos fotoenvejecimiento, que se manifiesta como manchas solares, pérdida de firmeza, deshidratación, acumulación de células muertas, arrugas superficiales y profundas. Causando también alergias e intolerancias solares.
Los protectores solares
Los protectores solares son un componente indispensable para la exposición solar. Un tema importante es saber si los mismos son resistentes al agua. Se denomina substantividad a la capacidad del producto de seguir con su acción protectora aún después de la inmersión, o remoción por transpiración. Por otro lado, la piel bronceada no es un factor que indique que debamos dejar de protegernos, al contrario. El bronceado suele engañar. El hecho de que no sea visible el eritema no es señal que no se este produciendo un daño. Es importante no reducir el factor de protección porque la piel se pigmento.
Los niños
Uno de los mayores peligros es la insolación: la exposición al sol puede alterar el centro de regulación de la temperatura, el pequeño no puede bajar su temperatura corporal como lo hacen los más grandes y tiene fiebre con intenso dolor de cabeza.
Hasta los seis meses no es aconsejable la exposición directa al sol. Sólo son necesarios de 5 a 10 minutos diarios de exposición indirecta para asegurar la síntesis de vitamina D. En los horarios peligrosos, desde las 11hs hasta las 16hs, lo mejor es que el bebé esté en su casa, en un ambiente fresco y confortable. Cuando el niño supera los 6 meses, al exponerlos al sol se los debe proteger con factores de protección solar altos.
Quemadura solar
La quemadura solar debe interpretarse como la forma en que la piel nos advierte que está sufriendo. Una historia de quemaduras solares reiteradas en la infancia se asocia con una mayor frecuencia de aparición de ciertos tumores malignos de la piel. Recuerde: la prevención debe comenzar precozmente.
Bronceado
El bronceado aparece unas 48 hs. luego de la exposición solar, como respuesta protectora a la injuria o agresión solar sobre la piel. Si bien habitualmente el bronceado se asocia a estado de salud y bienestar, debe considerarse como una reacción de defensa (insuficiente), basada en la producción de un pigmento natural – la melanina – capaz de filtrar parcialmente los rayos más dañinos. Prueba de ello es que la piel tiende a recobrar su color natural cuando cesa el estímulo.
Pre-cáncer y cáncer de piel
Si bien sabemos que la sobre-exposición al sol o las exposiciones reiteradas intensas y cortas no son la única causa del cáncer de piel, más del 90% de éstos aparecen en zonas expuestas al sol: la cara, las orejas (descubiertas) en el hombre, el cuello y los miembros superiores son las localizaciones más frecuentes. La transformación y la malignización de las células tarda tiempo en ocurrir. Es un proceso lento y se manifiesta como cambios, posibles de detectar mediante el exámen clínico de la piel y eventualmente con biopsias de las lesiones sospechosas.



