Un grupo de investigadores, liderados por Gustavo Kasparas, decidió darle una mayor tangibilidad al ya famoso síndrome del burn out y elaboró un completo cuestionario, que permite medir el estado de agotamiento profesional. Una herramienta clave para mejorar el clima laboral y evitar la propagación de este mal moderno, que todavía no está considerado formalmente como enfermedad laboral
La sobrecarga de trabajo, la falta de recursos para llevarlo a cabo, la autoridad excesiva o insuficiente, la falta de reconocimiento y fallas en la comunicación son el caldo de cultivo para la aparición del burn out, una epidemia que se expande por las organizaciones y repercute directamente en la productividad y el clima laboral. Aunque no hay estadísticas fehacientes al respecto, los especialistas en medicina del trabajo coinciden en que el síndrome está aumentando su incidencia. Lo que en los 70 se conocía como pico de estrés o surmenage por sobrecarga laboral, hoy conforma un síndrome con múltiples síntomas físicos y psíquicos.
En la Argentina, no existía hasta hace poco una escala para evaluar el agotamiento profesional en las empresas y es por esto que un grupo de investigadores, liderados por el psiquiatra Gustavo Kasparas, desarrollaron un cuestionario específico. Hasta ahora se probó su eficacia en 187 agentes de salud. ?Pero es válido para todo tipo de organizaciones y la idea es ofrecerla a las empresas?, dice Kasparas. Poder medir el fenómeno es el primer paso para prevenirlo y erradicarlo.
Y la ventaja de contar con un método adecuado de diagnóstico permitirá sin duda detectar a tiempo casos de burn out, ?lo cual ayudará a prevenir su propagación a todo el equipo de trabajo?, según anticipa el investigador.
El cuestionario creado por Kasparas y equipo incluye 33 ítems que abarcan 19 síntomas posibles de burn out, que pueden medirse a su vez en una escala del 1 (no me afecta) al 7 (me afecta severamente). Este instrumento permite cuantificar opiniones subjetivas como el agotamiento emocional, la despersonalización y la sensación de falta de autoeficacia, y obtener datos objetivos del problema.
Kasparas señala que en los ensayos realizados con esta escala, realizados en un grupo de hospitales públicos y clínicas privadas de Capital y Gran Buenos Aires, los registros de burn out fueron más altos de lo esperado. Y ?estos resultados podrían extrapolarse a empresas de otros rubros?, señala el investigador. Según pudo comprobarse, la incidencia de este síndrome no aumenta proporcionalmente con la jerarquía del trabajador. En general, son los mandos intermedios quienes más sufren esta condición, ya que en los cargos más altos, si bien hay más presiones, también hay mayor capacidad de decisión y control.
En este sentido, un estudio realizado en 2003 por la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés (SAMES) determinó que más de la mitad de los CEOS (62%) argentinos tienen personalidad tipo ?A? o autoestresora (orientada a la competencia y al logro de resultados, en contraposición a la personalidad tipo ?B? que se toma las cosas con más calma). Sin embargo, si bien el burn out está relacionado directamente con el estrés, no depende únicamente de factores internos del individuo, sino que en su aparición tiene mucho que ver el entorno laboral. De ahí la importancia de contar con un instrumento de diagnóstico que permita cruzar las mediciones de estrés con el clima laboral y obtener un diagnóstico certero. ?Esto les permitirá a las compañías implementar acciones concretas para atacar las causas del problema y mejorar el clima laboral?, dice Kasparas.
<h2>Un síndrome con historia</h2>
El llamado síndrome de burn out agrupa a una serie de síntomas de cansancio mental y físico, y fue descrito por primera vez por el doctor Herbert Freudenberger en 1974. En un principio, se aplicó a los profesionales de la salud, pero hoy se extiende a todo tipo de actividades y profesiones. Este padecimiento ?se manifiesta de forma diferente en cada persona, dado que está muy relacionado con las vivencias personales de estrés?, dice el psiquiatra Kasparas. En general, se presenta con señales de agotamiento emocional intenso como la angustia o sus equivalentes físicos: palpitaciones, opresión en el pecho, sensación de falta de aire, sudoración en las manos y sensación de una pelota en la garganta o en el estómago. En casos extremos, puede llevar al ataque de pánico.
En algunas personas, provoca trastornos del sueño y fatigabilidad aumentada: la misma cantidad de trabajo ya los agota. También puede provocar la aparición y agravamiento de trastornos psicosomáticos y abuso de sustancias (alcohol, psicofármacos y otras). Cada uno tiene su punto débil: para unos será el colon irritable, para otros las alergias, crisis asmáticas o cefaleas.
Esto repercute en las relaciones interpersonales, tanto fuera como dentro del trabajo. Hay cinismo, desinterés, despersonalización en el trato con los compañeros y clientes. Y una tendencia a olvidos y distracciones que aumentan la accidentabilidad laboral. En algunos casos, aparecen pensamientos intrusivos que asaltan al trabajador en cualquier momento y le impiden desconectarse del trabajo, con lo cual el estrés aumenta y se vuelve crónico.
Sin embargo, aunque es un trastorno muy frecuente, no está considerado como enfermedad laboral para la legislación argentina, dado que no figura en el Listado de Enfermedades Profesionales de la Ley 24.557 de Accidentes y Riesgos del Trabajo, según aclara la doctora Cristina Pantano, especialista en Medicina Laboral y Vicepresidenta de la Federación Argentina de Medicina del Trabajo. Uno de los motivos es que, al reunir gran cantidad de síntomas, resulta difícil adjudicarlos a causas que se puedan atribuir a una empresa.
Tal vez la posibilidad de contar con un instrumento científico de medición para el burn out ayude a impulsar iniciativas en el sentido de incluirlo dentro del conjunto de enfermedades profesionales. Pero este mismo motivo puede generar también resistencias a su implementación por parte de las empresas. El psiquiatra Kasparas no se desanima: ?Lo importante es contar con el instrumento de medición. Habrá empresas que quieran implementarlo para conocer mejor su realidad y tomar medidas para mejorar el clima y la salud de sus trabajadores, y habrá otras que se resistan a su implementación hasta que en algún momento se vuelva obligatoria?, vaticina.
<h2>Del tratamiento al diagnóstico</h2>
Al contrario de lo que podría pensarse, son los profesionales más jóvenes quienes tienen mayores posibilidades de padecer el burn out. ?Esto se debería a su menor experiencia y madurez profesional?, dice Kasparas. Obtener un sentimiento claro de los propios valores y limitaciones, la capitalización de los logros, la revisión de los fracasos y la definición de objetivos vitales implican tiempo, introspección y reflexión compartida.
?Este síndrome suele producirse como una situación de desgaste, luego de haber estado muy motivado, con altos ideales que no se pudieron cumplir?, señala, por su parte, la psicóloga Olga Cartañá, de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Si bien la motivación es algo personal, existen ambientes laborales que la desincentivan. La remuneración insuficiente, las tareas imposibilitadas por exceso de burocracia o ausencia de recursos y el acoso moral o mobbing (maltrato y descalificación constante por parte de superiores o subalternos) llevan tarde o temprano a que la persona asuma una postura agresiva o de total desinterés.
La flamante escala de medición de Kasparas y su equipo permitirá detectar en qué casos las causas residen en un mal clima laboral. Y esto representará un primer paso para revertir este ambiente y evitar que afecte la salud y la productividad de los empleados. Claro que esto implicará que la empresa esté dispuesta a tomar las acciones correctivas necesarias, que pueden resultar no tan sencillas. ?Es fundamental otorgar una retribución justa, pero hay otros factores que van más allá de lo monetario: el reconocimiento profesional por parte de los superiores, algún programa de incentivos, la organización de instancias grupales de reflexión, counseling y apoyo psicológico son algunas de ellas?, detalla el experto.
Pero además de las acciones corporativas, cada persona puede generar sus propias estrategias para evitar padecer el burn out. ?Es fundamental cultivar lazos afectivos sólidos, dedicándole el tiempo necesario a la familia, los amigos y otras relaciones sociales?, aconseja el psiquiatra. También desarrollar una comunicación asertiva (que permita decir lo que pensamos sin agredir a otros), practicar el autoconocimiento de las propias fortalezas y debilidades, y sobre todo cultivar el sentido del humor, que es un gran catalizador y liberador del estrés.